Era un mar sólido

Dejé soltar el globo de helio en forma de corazón para que echara a volar junto con los otros globos que los niños habían soltado. Lo hice porque la niña que estaba a mi lado no paraba de pedírmelo. Y hasta que no lo hice, no calló y me agarró de la mano.
Los globos estaban medio deshinchados y el cielo encima del lago de mi casa lucía como cuando la gente lanza farolillos de luz al aire, pero en vez de farolillos eran globos de helio de diferentes formas: de elefante, de Pocoyo, de caras sonrientes… y el mío en forma de corazón.
Notaba que la gravedad estaba “fallando”. No sé cómo explicarlo, pero los globos parecían que caían poco a poco porque la gravedad dejaba de existir. Y de hecho, en poco minutos todos los globos deshinchados comenzaron a caer sobre las aguas mansas y oscuras de mi lago, hasta que ya no se veía el agua. Todos cayeron menos mi globo en forma de corazón.


De repente noté que todo caía. Salí del patio central de mi casa, siempre con la niña, y me asomé afuera. Aunque en el interior de mi casa estaba atardeciendo, afuera era de día, con el cielo muy azul y sin ninguna nube. Desde mi cobertizo veía el inmenso mar, y una orca salió despedida de él. Una inmensa orca  con un cuerpo como si fuera de goma. La orca surgió del mar, se chocó contra un barco pesquero y salió despedida otra vez hacia el mar, pero la orca no se hundió. Era un mar sólido. El mar ya no era líquido.

Me empecé a asustar por lo que estaba viendo. En el planeta estaba desapareciendo la gravedad, y por eso caía todo. Pero en el interior de mi casa nada caía. Estaba seguro ahí abajo. Tenía miedo de que me aplastaran las columnas de mi cobertizo, pero eso no iba a suceder. Salí corriendo para ver qué más estaba pasando. Llegué al centro de la ciudad, y aunque parecía que ahí todo estaba tranquilo enseguida vi regueros de personas corriendo. Una iglesia cristiana llena de gente se rompió en dos como si fuese una iglesia hecha de cartón por un niño y que la destroza por la mitad porque se ha enfadado. Me acuerdo que me asusté y me tapé la boca al ver semejante imagen. La iglesia era enorme y estaba hasta arriba de gente. Todas salieron corriendo de allí mientras el edificio se doblaba.

Quería irme de aquel lugar. Todo lo que estaba pasando era muy raro, no entendía nada. Así que me subí a un barco pesquero de esos que estaban varados en el mar y nos pusimos a navegar a toda velocidad para huir de allí. El barco navegaba demasiado rápido, como si tuviera ruedas, como si en vez de navegar por agua, navegase por una carretera firme. Y así era… Todos las torres de edificios acristaladas empezaron a caer como si fuesen edificios de juguete: macizos, indivisibles. Caían al mar pero ninguno se hundía porque el mar era sólido. Esquivé cada uno de los edificios que iban tumbando a nuestro paso. Todos eran rascacielos de ventanas brillantes y de colores, hermosos, imponentes.

El mar quedó lleno de edificios y ninguno se hundió.


Desde hace unos meses, desde el confinamiento, mi pelo se ha llenado de gris. Mis sueños son historias que me hacen despertar en el medio de la nada. “Dios aprieta pero no ahoga”, dicen las viejas. En mi caso ahoga, pero bien. Dios no existe, pa que lo sepas… La mitad de la culpa es mía y la otra mitad de los extraterrestres. No se puede estar tan dormida pasada una edad… Cuando decides despertar todo se va poniendo en su sitio, y la luz se va filtrando hasta entre tu espeso vello púbico. Vamos a despertar y a aprovechar este momento “muerto” para hacer lo que te hace sentir más viva.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario

Mucha sororidad, negra

  Yo empecé a practicar yoga hace 18 años. Cuando no estaba de moda, ni era "trendy", ni " cool". De hecho la gente me d...